Adelanto ? Bilogía Ariel ??

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Mis Príncipes y Princesas Valientes os traigo un adelanto de la Bilogía Ariel, exactamente 1380 palabras ? Admito que me ha costado lo suyo hacer la selección del texto, no he hecho más que sacarle pegas a todo: esto desvela demasiado, esto no dice nada, esta no se va a entender (fuera del contexto global), … Bueno, espero haber acertado y que os guste.

¡A disfrutar!

—¿Habéis hablado con él? —me intereso.
—Se acercó a saludarnos cuando llegó. Nos ha preguntado si no nos importaba que cogiera un par de olas.
De nuevo es Sonia la que me informa. Al parecer, es la nueva representante de Kelly Slater.
Y que se haya acercado a hablar con ellos antes de meterse al agua, dice mucho de él, al menos que es sensato. En playas como estas abundamos surfistas locales, y aunque ya no estamos en los noventa, donde los episodios violentos eran algo casi habitual entre locales y gente de fuera, demuestra que sabe cómo funcionan las cosas por aquí. No nos suele gustar el turisteo surfil y sí, me incluyo en ese grupo. No obstante, el que peor lo lleva es Rayco y, por si fuera poco, parece que además le ha salido un duro competidor. No solo porque esté de buen ver y su chica haya dado buena cuenta de ello (ya hemos dejado claro que Sonia tiene ojos en la cara y ningún reparo en pronunciarse al respecto). El verdadero punto de todo esto, es que Rayco es el mejor cogiendo olas de la zona, diría incluso de toda la isla, y por lo poco que llevo observando al nuevo… no sería difícil que pudiera sentirse destronado. Y esto al resto nos da exactamente lo mismo, nadie aquí se siente más que nadie. Excepto Rayco que, a sus treinta y siete años, ha dedicado toda su vida al surf y para él, eso incluye ser el mejor en lo que hace. Deduzco que por ello es palpable como sus bonitos ojos avellana siempre enmarcados por unas bonitas arrugas, signo de su reinado bajo el sol, se han visto enmohecidos por los celos que le delatan sin remedio.
—¡Hasta mañana!
Se despiden ya con sus tablas bajo el brazo camino arriba.
—¡A ver si no se te pegan las sábanas mañana, pelirroja! —exclama Eduardo.
Les oigo alejarse absorta en la imagen de ese desconocido.
Sonia tenía razón, es bueno. Pero lo que de verdad me atrae es su elegancia, jamás había visto a nadie cabalgar como él lo hace, y la sensación de libertad que desprende es tan… nítida, tan real. Resulta de lo más balsámico. Contemplarle me recuerda a una de las épocas más felices de mi vida (por no decir la que más). Tenía ocho años y vivía en Fuerteventura con mi madre, en aquel entonces ya empezaba a despertárseme el interés por este modo de ver la vida: por el surf. Me sentaba a observar a aquellas chicas que parecían volar sobre el agua con sus tablas, se les veía tan serenas, felices y despreocupadas. Tan perfectas. Tan seguras de sí mismas… Tan… todo lo que yo siempre he querido y nunca he conseguido ser.
—¿Cómo va el nuevo disco? —El Gaviota me saca con presteza de mi ensimismamiento, obligándome a volver con él y, además, con un tema con el que siempre, irremediablemente, me siento molesta. Principalmente porque él (aparte de Sebas), es de las pocas personas que sabe que compongo mi propia música; aunque jamás haya tenido el valor de meter una de mis canciones en ninguno de los tres discos que hasta ahora hemos grabado.
—Pues ya tenemos cuatro temas: uno lo ha compuesto Darío y los otros dos Roland, y aunque aún hay que hacerles unos arreglillos están bastante bien.
Y sí, de hecho, están geniales, ¡qué sería de Cantos de sirena sin ellos! Pero la realidad es que vamos con cierto retraso. Le prometí a Sebas que para este nuevo disco me animaría a aportar alguna de mis composiciones, cosa que no he hecho aún, y siendo completamente sincera, dudo mucho que lo vaya a hacer. Lo que ya de por sí me provoca un estado de ansiedad bastante incómodo, porque obviamente le he mentido a mi mejor amigo y no estoy cumpliendo con mi palabra.
—Tienes que traer la guitarra y cantarme algo.
Me giro, apartando momentáneamente la vista del mar para centrar la mirada en mi sabio acompañante y sus afectuosos ojos azules. No es la primera vez que me pide que le toque o le cante algo, y no es la primera vez que busco cualquier pretexto para no hacerlo. Para mi fortuna, una mole peluda que viene directa hacia mí, me salva de tener que inventarme una banal y ruin excusa.
El efusivo can se me tira encima y no tarda en esconder la cabeza bajo mi brazo buscando que le acaricie.
—¡¿Y este grandullón?!
Me encantan los perros, aunque bien es cierto que soy más de gatos. Pero si no me equivoco… se trata de un enorme y peludo pastor inglés.
—Del nuevo surfista al que no le quitas el ojo de encima.
Sin querer y poder evitarlo pongo los ojos en blanco, pero no digo nada, porque es cierto, no le he quitado el ojo para que nos vamos a engañar.
Acariciando al chucho me encuentro con una chapa que cuelga de su cuello en la que tiene un nombre grabado.
—Así que te llamas Max.
En respuesta, y al escuchar su nombre, Max me da un lametazo en la cara y satisfecho, se sienta a mi lado como si acaso nos conociéramos de toda la vida.
—Parece que le caes bien. Ya tienes la mitad del trabajo hecho —se mofa el Gaviota de mí.
De nuevo le ignoro, centrándome en cómo el papá del can baila sobre las olas.
Y así permanecemos todos: el Gaviota, Max y yo, observando en silencio. Una estampa de lo más variopinta.
No cabe duda de que esta es una de las mejores playas de la isla para surfear: olas de metrazo a dos metros, de derechas cortas y contundentes, agua poco contaminada… Excelente todo el año. Probablemente, lo peor sea el fondo de roca que, para alguien que no esté acostumbrado, es algo a tener en cuenta.
Percibo el paso del tiempo gracias al sol cada vez más abrasador que se desplaza por la piel de mis hombros, hasta llegar a la de mi espalda desnuda, incapaz de apartar la vista del cada vez menos desconocido surfista. Su capacidad para embelesarme ha logrado que, por primera vez en mucho tiempo, no quebrante el momento zen del que escapo a diario, pero conozco la razón, mi mente no se ha dejado desviar por los desastrosos pensamientos comunes que terminan conmigo en el agua en busca de un escape, porque ahora, con más detenimiento, puedo ver en ese desconocido las mismas razones que me llevan a mí a ponerme sobre una tabla cada día: la imperiosa necesidad de ahuyentar fantasmas, y eludir el miedo por un forzoso periodo de tiempo. Una coincidencia que jamás había experimentado y que, en lugar de complacerme, instaura en mí un intranquilo sentimiento de comprensión que no me siento capaz de manejar.
Me pongo en pie de un salto repentinamente, sintiendo la escrutadora mirada de mis dos acompañantes sobre mí.
«Tengo que irme».
Y no es Úrsula la que habla, pero no creo que tarde en hacerlo.
Si algo no me falla nunca, es mi sentido de la empatía. Porque no solo logra que me ponga en el lugar de otra persona, sino que, y por si fuera poco, absorba todo su dolor permitiendo que se filtre a través de mi piel atravesando sin ninguna clase de filtro, mi ya quebrantado corazón. Da igual que el emisor de ese pesar esté a más de doscientos metros de distancia, soy cómo un jodido imán para comprender el dolor ajeno hasta hacerlo propio. Puede que sea alguna clase de hipersensibilidad odiosa.
Sí, lo es, no tengo duda de ello.
Aún con la vista clavada en el agua y con las manos en mi tabla dispuesta a marcharme de aquí, me alarmo al percatarme de que Míster Sufrimiento Surfeador ha perdido la concentración, y ese es un error de novato que te puede salir muy caro. El surf es un deporte en el que lo más importante es el momento; el mar es rápido, libre, salvaje y no espera por nadie.
Efectivamente no me equivocaba, ha hecho un mal Wipe Out. Tanto, que tras varios largos segundos en los que ha desaparecido bajo la espuma de las olas, no parece dar señales de vida.

Sé que es poco, tan solo se trata de un boceto de lo que está por venir… Aun así espero que lo hayáis disfrutado, porque cada vez queda menos para que conozcáis en profundidad a Ariel, Eric, Sebas, Úrsula… y al resto de personajes que conforman esta historia cargada de amor, superación (si no hay de esto no es una historia que haya escrito yo, eso seguro), alguna que otra risa, intriga, y pasión.

?SE OS QUIERE?

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